Pablo Picasso Oreja y vuelta al ruedo
8-8-2006
El fotógrafo alemán Hubertus Hierl, ayer en Málaga, junto a uno de los retratos del artista que pueden verse en la muestra «Picasso en la plaza de toros»
Era una novillada cualquiera, sólo iba a tomar unas instantáneas para reflejar la vida «alocada y colorista de los chicos de la Costa azul», pero esa tarde el joven fotógrafo alemán Hubertus Hierl cumplió uno de sus sueños: fotografiar a Picasso. Fue una casualidad, el genio malagueño se encontraba entre el público, no estaba rodeado de una multitud de fotógrafos, como era habitual.
Hierl no se lo pensó dos veces y mediante gestos pidió permiso a Pablo Picasso para fotografiarlo. Las instantáneas de aquella tarde del 7 de agosto de 1966 en Frèjus muestran cómo el genio vivía las tardes de toros. Desde ayer, la muestra «Picasso en la plaza de toros» refleja la pasión del artista por la tauromaquia en la sala de exposiciones de la Sociedad Económica de Amigos del País, en la capital malacitana.
Hierl ha donado 125 fotografías de aquella tarde a la Fundación Picasso-Casa Natal. De éstas se han seleccionado 80 instantáneas para esta muestra, muchas de ellas inéditas y otras que se han publicado en revistas y periódicos de todo el mundo. La Fundación Picasso-Casa Natal pretende que ésta sea una muestra itinerante, que se mueva por España e incluso por Portugal. Alguna de las fotografías han sido expuestas en Alemania y Francia y hace unas semanas se mostraron varias por primera vez en España en los cursos de verano de la Universidad de Málaga en Ronda.
En las instantáneas asoma un Picasso metido de lleno en la corrida. El genio ríe, disfruta y asiste atento a cada movimiento que se produce en el ruedo. En su cara se reflejaba todo lo que sucedía en la plaza y esas expresiones fueron inmortalizadas por Hierl.
«Después de Picasso, sólo Dios»
Picasso, pese a saber que es el objetivo de una cámara, se muestra ajeno a ella. Se ve desde el entusiasmo con el que aplaude al torero hasta la preocupación tras una cogida, pasando por el honor de que el diestro le entregue la oreja que ha conseguido como trofeo. La muestra se divide en tres partes: dos son momentos de la corrida y la tercera, sobre el encuentro de Picasso con amigos y su sobrino Javier Vilató.
El autor de las fotografías se mostró ayer, en la presentación de la exposición, muy satisfecho de poder realizar esta muestra en la ciudad natal del genio y en el año que se cumple el 125 aniversario de su nacimiento.
La segunda parte de la exposición muestra el momento en el que el artista abandona el escenario donde se ha desarrollado el festejo taurino, cuando, rodeado de un público expectante por ver de cerca al gran creador del siglo XX, se encuentra con su sobrino Javier Vilató, hijo de su hermana Lola, antes de subirse a su coche, un Alfa Romeo blanco.
Hierl concluyó sus palabras, pronunciadas en su nombre por su hijo, ya que el fotógrafo no habla español, con una cita de Dora Maar, quien, cuando terminó su relación con Picasso y recibió una propuesta de matrimonio del poeta Paul Eluard, respondió: «Después de Picasso, sólo Dios».
Por su parte, el profesor universitario y crítico taurino Juan Ortega calificó los toros como «una de las señas de identidad» de Picasso, que es «en el arte el segundo rostro más popular del mundo, tras la Mona Lisa». En este «festejo menor», una novillada, no importa quiénes fueron los componentes de la terna, porque «la Historia no guarda memoria de los novilleros», sino el casual encuentro entre Picasso y Hierl, que dio lugar a estas imágenes, destacó Ortega.
El artista, que poseía «una sobredosis de fuerza expresiva», aparece como «un anciano perfectamente refugiado en su mundo», que «en su exilio se encuentra con los toros y con todas sus emociones», añadió Ortega, quien recordó que, en el primer óleo conocido de su infancia, Picasso ya pintó a un picador. El profesor Juan Ortega señaló que esta muestra se refleja a un Picasso «en su salsa, íntimo y con su gente».
CARMEN PÉREZ