FOTOGRAFÍAS DE HUBERTUS HIERL DE PICASSO EN LOS TOROS, 40 AÑOS DESPUÉS
07/08/2006
La Fundación Picasso-Casa Natal inaugura en la Sociedad Económica de Amigos del País una muestra con las últimas fotografías realizadas al artista en público.
El 7 de agosto de 1966 Pablo Picasso acudió a ver una corrida de toros en la localidad francesa de Frèjus. La Fundación Picasso-Casa Natal presenta 40 años después una exposición con las fotos tomadas aquel día por el entonces joven fotógrafo alemán Hubertus Hierl. La muestra, que será inaugurada esta tarde por el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, ha sido presentada esta mañana a los medios de comunicación por el concejal de Cultura, Diego Maldonado.
La exposición está compuesta por 80 fotografías realizadas por Hubertus Hierl en la Plaza de Toros de Frèjus, en el sur de Francia, el siete de agosto de 1966. La totalidad de las obras expuestas pertenecen al fotógrafo, que tuvo el privilegio de encontrarse a Picasso en esta corrida. Lo excepcional de esta exposición es que normalmente se muestra a Picasso como hacedor de obras que tratan el tema taurino, pero en esta ocasión es Picasso y su afición el motivo de la exposición. Destaca la actitud distendida de un Picasso que se sabe fotografiado, pero por un casual encuentro. Es la primera vez que Hubertus Hierl decide hacer una exposición con estas fotografías, muchas de ellas inéditas.
HUBERTUS HIERL Y SU ENCUENTRO CON PICASSO
Desde la época de estudiante, Hubertus Hierl ha trabajado como fotógrafo freelance para diversos diarios y revistas. En el verano de 1966 estaba en el sur de Francia, “para reflejar la vida colorista y alocada de los chicos y chicas en la Costa Azul”, cerca de Cannes cuando vio unos carteles anunciando una corrida de toros el domingo 7 de agosto, en Fréjus y allí se fue. El escenario de la corrida era un antiguo anfiteatro que permanecía allí desde la época de los romanos.
Tal como señala el propio fotógrafo relatando el encuentro con Picasso apunta sus deseos de conocer y retratar al artista: “Cuando salía el tema de a quién me gustaría fotografiar, mi respuesta no era al presidente americano, ni al ruso; ni siquiera a Brigitte Bardot o a la Loren. Mi respuesta era: “Picasso”. Resultaba un personaje muy enigmático y, aunque mortal como el resto de los humanos, tan lejano como un dios griego. Lo que siguió a partir de ese momento, fue una cadena de golpes de suerte”.
Huberus Hierl sigue relatando que “a la mitad de la corrida,... descubrí de repente, entre los espectadores, a Picasso con su joven esposa, Jacqueline. Algo casi imposible se hizo real: Picasso había abandonado momentáneamente su Olimpo, como en su día hizo el gran dios Zeus, para descender al mundo de los mortales. Puesto que no tenía a su alrededor a la habitual jauría de fotógrafos, y visto que se mostraba en público, me temí lo peor: que cerca del artista había agentes de policía infiltrados con la orden de dar caza o ahuyentar a cualquier fotógrafo que lo molestara. De todos modos me armé de valor y, por señas, le hice entender que quería hacerle unas fotos. Picasso estaba del mejor humor. Me saludó con la cabeza y me dio a entender que no había ningún problema, que podría tomar las fotos que quisiera.”
PICASSO REFLEJABA EN SU CARA LO QUE SUCEDIA EN LA PLAZA
Picasso se concentra en los acontecimientos que se suceden en la arena. La cosa va más allá de unas cuantas fotos. Sigue relatando el fotógrafo: “Las imágenes que pude tomar de Picasso documentaban cómo vivió los acontecimientos y cómo, metido de lleno en la corrida, reflejaba en su cara lo que sucedía en la plaza. Con toda la vida y la tensión concentradas en su mirada, Picasso observa cada escena acontecida en el coso, ríe, aplaude con entusiasmo cuando el torero concluye su faena, sufre con los lances más peligrosos. Ha sido un éxito que culmina con la consecución de la oreja. El torero la muestra al público y, a continuación, se la entrega a Picasso. Para el artista más grande del siglo XX, este regalo representa un gran honor y sostiene bien alto el trofeo, mostrándolo a todos los presentes. La alegría que irradian sus ojos en las fotografías dan muestra de la auténtica y profunda felicidad que Picasso sentía en ese momento.”
“Se lidia el último toro, y un dramático incidente se adueña del momento: una pequeña distracción del torero podría haber sido la causa de que, en una fracción de segundo, éste sufra una cogida. En esos escasos segundos, dirigí la cámara hacia Picasso y pude captar con total inmediatez su reacción ante el drama del ruedo, que se reflejaba perfectamente en la expresión de su rostro, inmortalizado para siempre gracias a la cámara. Picasso se ha levantado de su asiento. Aún está consternado y tenso por lo sucedido. Intercambia palabras amables con algunos de los espectadores y, rodeado por numerosos visitantes, intenta abandonar lentamente la plaza, no sin antes echar una última y melancólica mirada al ruedo. Reina un gran gentío”.
ENCUENTRO CON JAIME VILATÓ
La última secuencia de fotos muestra a Picasso fuera de la plaza, de camino a su coche y a punto de marcharse de allí. Entre esas imágenes se puede ver también a Cathy, la hija de Jacqueline. “Entonces, se produce un caluroso encuentro entre el artista y Javier Vilató, su sobrino, hijo de su hermana Lola. La escena dice mucho del cariño que sienten el uno por el otro; tanto, que ambos comparten el más íntimo círculo de amistades. Ambos charlan animadamente, y después se despiden el uno del otro con un fraternal abrazo. Picasso sube al coche, un Alfa Romeo blanco. Una vez más, mira a la gente que lo rodea. La última imagen lo muestra marchándose: a través de la ventana del coche aún se reconocen, ya de un modo muy etéreo, su boca y sus enormes ojos abiertos”.
Aquella tarde surgió el documento gráfico Picasso en la plaza de toros, “insustituible para mí por el hecho de que Picasso se muestra en un entorno cuya temática tantas veces protagonizó sus obras de arte: la corrida. Son las últimas fotos de Picasso en público en las que se refleja con detalle cuanto acontece. Las fotos surgieron pocas semanas antes del 85º cumpleaños de Picasso (el 25 de octubre). Una de las fotos muestra al artista en medio del bullicio de la plaza de toros en un momento de sosiego y paz interior: en ese instante Picasso no parece prestar atención a lo que sucede en el coso taurino, sino que parece estar abstraído, con los ojos abiertos de par en par, interrogantes, y una mirada profunda. La fotografía apareció el día de su cumpleaños y en diversas ocasiones posteriores, en numerosos diarios y revistas.